34 Como agua para chocolate

chocolateA veces se recibe un sentimiento desde un libro. Se encanta y se envuelve en sus palabras, abrazándose en una nube cálida. Parece a enamorándose. Eso es lo que me sentí por este libro.

Primero, diré que me sentía mucho mejor de mis habilidades de lectura en español aquí. Tal vez solo estaba sin práctica y necesitaba un libro para empezar las ruedas de nuevo. También diré que a veces, mientras que leo libros en español, me pregunto si el libro me encantaría tanto si lo leyera en su traducción inglesa. Ha habido unos libros y películas que he leído primero en inglés or he mirado con sus subtítulos ingleses (El amor en los tiempos de cólera, El laberinto de fauno) sobre que me sentía tibia, pero absolutamente me encantaba cuando era capaz de volver a ellos en español. Me hace cuestionar que más me falta por la necesidad de leer traducciones, pero también me hace agradecer que la habilidad de leer en inglés me da acceso al más grande biblioteca de literatura. Coincidentemente, encontré este artículo de Book Riot que reflexiona en la misma cosa. Tal vez nunca podemos apreciar completemente obras traducidas en la manera intentada en su idioma original.

Pues. Continuamos con el libro.

Como agua para chocolate (Laura Esquivel, 1989) es la historia de Tita de la Garza, la tía abuela de la narradora. La menor en una familia de tres niñas, Tita está obligado por tradición cuidar a su madre hasta su muerte, consequentemente  está prohibido a casarse. A pesar de esto, Tita se enamora de Pedro y él viene para pedir su mano en matrimonio. Mamá Elena la niega y ofrece su hija Rosaura en su lugar. Pedro la acepta, explanando a su padre que hará todo que puede hacer para estar cerca de Tita.

Ay, que cruel Mamá Elena es, siempre sospechando que algo está transpirando entre Tita y Pedro. Hace su mejor para asegurar que nunca están solas y nunca tienen la oportunidad de hablarnos. Incluso manda que Pedro y Rosaura vivan con su primo en Texas, y durante este tiempo su hijo Roberto muere, provocando tanto lastima a Tita que se convierte prácticamente catatónica y solo puede ser ayudado por el cuidado tierno del doctor del pueblo, John Brown. Por supuesto, él también se ha enamorado de Tita y los dos se acercan, incluso decidan a casarse, pero Tita nunca renuncia su amor por Pedro.

Como agua para chocolate es una historia de amor inquebrantable, pero también es una historia de la fuerza de una mujer en una sociedad acondicionado a dominarla. Cuando piensa en su destina solitaria, Tita se pregunta qué le va pasar, debido a que nunca tendrá a nadie para cuidarla en su vejez – ¿no se supone vivir más largo que su madre? ¿No importa su opinión? ¿Puede estar enamorado una vez?

Sería bueno hacerle saber a esta ingeniosa persona que en su perfecto plan para asegurar la vejez de las mujeres había una ligera falla. Si Tita no podía casarse ni tener hijos, ¿quién la cuidaría entonces al llegar a la senectud? … ¿Y dónde se quedaban las mujeres que se casaban y no podían tener hijos, quién se encargaría de atenderlas? … ¿Se había tomado alguna vez en cuenta la opinión de las hijas afectadas? ¿Le estaba permitido al menos, si es que no se podía casar, el conocer el amor? ¿O ni siquiera eso?

Es inmediatamente aparente que estricto Mamá Elena se adhiere a los estandardes patriarcales gobernadores, mientras que Tita los desafía. Mientras que Tita está recuperando en el rancho de Dr. Brown, pasa mucho tiempo en examinar sus manos, pensando en su propósito. <<Nunca había tenido tiempo de detenerse a pensar en estas cosa. Al lado de su madre, lo que sus manos tenían que hacer estaba fríamente determinado, no había dudas. Tenía que levantarse, vestirse, prender el fuego en las estufa, preparar el desayuno, alimentar a los animales, lavar los trastes, planchar la ropa, preparar la cena, lavar los trastes, día tras día, año tras año. Sin detenerse un momento, sin pensar si eso era lo que correspondía.>> Tita podría haber aceptado fácilmente su destino como la cuidadora de su família, pero en cuestionar el propósito de sus manos, está cuestionado las oportunidades limitadas disponibles en esta sociedad misógina.

El feminismo brillante y sutil de Esquivel está esparcido maravillosamente por todo su libro. Gertrudis, la hija mayor de la Garza, se huyó, solo para estar captada por un soldado revolucionario y trabajar en un burdel. En vez de ser su fallecimiento, sin embargo, regresa al rancho años más tarde como una general en el ejército revolucionario con su esposo actuando como su guardaespaldas. Después de la muerte de Mamá Elena, Tita está perseguido por su espíritu, que sigue castigandola por sus acciones con Pedro. <<¿Pues qué te crees que eres?>> Mamá Elena exige saber. Tita respuesta, <<¡Me creo lo que soy! Una persona que tiene todo el derecho de vivir la vida como mejor le plazca. Déjeme de una vez por todas, ¡ya no la soporto! Es más, ¡la odio, siempre la odié!>> Tita, que siempre ha luchado contra la opresión desde su nacimiento, por fin tiene la oportunidad de luchar por su derecho de una vida feliz y la toma.

Por supuesto, me falta no mencionar lo que el libro es más sabido – el talento de Tita con la comida y la manera mágica de transformar los que consumirlo. Aquí estamos presentado con el realismo mágico que la literatura de américa latina hizo famoso. Al principio, Tita está describido como una persona que <<confundía el gozo del vivir con el de comer>> y vemos cómo los acontecimientos de su vida están expresado por su cocina. Las lágrimas que llora en la masa de la pastel de la boda de Rosaura y Pedro les hacen enfermeros los asistentes y les causan sentir un abrumador sentimiento de anhelo. Las codornices con salsa de pétalos de rosas que hace por Pedro infecta a Gertrudis con lujuria, cambiando el paso de su vida. Cuando Tita está llamada a regresar al rancho para cuidar a su enferma madre, Mamá Elena reclama que todo lo que Tita cocina está contaminado con un veneno amargo, aunque el sabor es indetectable a los otros. La magia aquí sirve para mejorar las descripciones ricas de comida y la sensualidad de la pasión de Tita. Emparejados, son el mejor ejemplo del bien conocido cliché: la comida es el amor.

El único asunto que tomo con el libro es el fin. Es un fin que creo que la mayoría de la gente le va a gustar, pero yo, siendo la cínica que yo soy, quería algo diferente para Tita. Aun así, es una mancha pequeña en una novela feminista que, por lo demás, es inteligente y muy bien escrito. Me encantaba.

[Book Riot Read Harder Challenge: lea un libro que fue adaptado en una película, y luego vea la película]

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*

Sometimes you just get a feeling from a book. It enchants you and envelopes you in its words, holding you in a warm cloud. It’s like falling in love. This is how I felt about this book.

First, I will say that I felt a lot better about my Spanish reading skills here. Perhaps I was just rusty and needed a book to get the wheels turning again. I will also say that sometimes, while reading books in Spanish, I wonder if I would love the book as much if I were reading its English translation. There have been a few books and movies that I’ve read in English first or watched with English subtitles (Love in the Time of Cholera, Pan’s Labyrinth) that I felt lukewarm about, but absolutely loved when I was able to return to them in Spanish. It makes me question what else I’m missing out on by having to read translations, but it also makes me grateful that being able to read English affords me access to the greatest library of literature. Coincidentally, I stumbled upon this Book Riot article pondering the same thing. Perhaps we can never fully appreciate translated works the way they are meant to be in their original language.

Well. On with the book.

Like Water for Chocolate (Laura Esquivel, 1989) is the story of the narrator’s great aunt Tita de la Garza. The youngest in a family of three girls, Tita is bound by tradition to care for her mother until the day of her death, consequently prohibited from ever marrying. Despite this, Tita falls in love with Pedro and he comes to ask for her hand in marriage. Mamá Elena denies it, offering up her middle daughter Rosaura instead. Pedro accepts, explaining to his father that he will do whatever he can to be close to Tita.

Alas, Mamá Elena is cruel, always suspecting that something is transpiring between Tita and Pedro. She does her best to ensure they are never alone and never have the chance to speak to each other. She goes so far as to send Pedro and Rosaura to live with her cousin in Texas, during which time their son Roberto dies, causing Tita so much pain that she ends up practically catatonic and can be helped only by the loving care of the town’s doctor, John Brown. Of course, he, too, has fallen in love with Tita and the two become close, even deciding to marry, but Tita’s love for Pedro never waivers.

Like Water for Chocolate is a story of unbreakable love, but it’s also a story of one woman’s strength in a society conditioned to keep her down. When thinking over her solitary destiny, Tita wonders what will happen to her, since she will have no one to care for her in her old age – is she not expected to live longer than her mother? Does her opinion matter? Can she ever be in love?

It would be good to inform the ingenious person who, in their perfect plan to assure the aged, there was a slight problem. If Tita could not marry or have children, who would take care of her? … And what about the women who marry and can’t have children, who would take care of them? … Had the affected children’s opinions ever been taken into account? If they were not permitted to marry, could they at least know love? Or not even that?

It is immediately apparent how strictly Mamá Elena adheres to governing patriarchal standards while Tita challenges them. When Tita is recuperating at Dr. Brown’s ranch, she spends a lot of time examining her hands, thinking about their purpose. “She had never had time to stop and think about these things. At her mother’s side, her hands were coldly determined, there were no doubts. She had to get her up, dress her, start the fire in the stove, prepare breakfast, feed the animals, wash the dishes, iron the clothes, prepare dinner, wash the dishes, day after day, year after year. Without stopping one moment, without thinking if this is what they were meant for.” Tita could have easily accepted her fate as the family’s caretaker, but in questioning her hands’ purpose, she is questioning the limited opportunities available to women in this misogynist society.

Esquivel’s brilliant yet subtle feminism is wonderfully sprinkled throughout the book. Gertrudis, the eldest de la Garza daughter, runs away, only to be swept up by a revolutionary soldier and work in a brothel. Instead of this being her demise, however, she returns to the family ranch years later as a general in the revolutionary army with her husband acting as her personal bodyguard. After Mamá Elena dies, Tita is haunted by her ghost who continues to chastise her for her actions with Pedro. “Well, who do you think you are?” Mamá Elena demands to know. Tita responds, “I know who I am! A person who has every right to live life in the way that suits her most! Leave me at once, forever, I can’t take it anymore! I hate you, I always hated you!” Tita, who has struggled against oppression since her birth, finally has the opportunity to fight for her right to a happy life and she takes it.

Of course, I would be remiss not to mention that which the book is most known for – Tita’s talent with food and the way it magically transforms those who consume it. Here we are presented with the magical realism Latin American literature made famous. At the start, Tita is described as someone who “confused the joy of living with that of eating” and we see how the events of her life are conveyed through her cooking. The tears she cries into the batter for Rosaura and Pedro’s wedding cake cause the attendees to feel an overwhelming and sickening longing for love. The quails in rose petal sauce that she makes for Pedro infects Gertrudis with lust, changing the course of her life. When Tita is called back to the ranch to care for her ailing mother, Mamá Elena claims that everything Tita cooks is tainted with a bitter poison, although the taste is undetectable to others. The magic here serves to enhance the rich descriptions of food and the sensuality of Tita’s passion. Paired together, they best exemplify that well-known platitude: food is love.

The only issue I take with the book is the end. It’s an end that I think most people will like, but I, being the cynic that I am, wanted something else for Tita. Still, it’s a small blemish on an otherwise intelligent and beautifully written feminist novel. I loved it.

[Book Riot Read Harder Challenge: read a book that was adapted into a movie, then watch the movie]

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3 thoughts on “34 Como agua para chocolate

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